Y la joya de la corona del pueblo es su jardín con el romántico nombre de Jardín de los Susurros. Todo pueblo tiene su bosque y éste regala dónde respirar aire puro en el centro de Barcelona. Uno de los pocos jardines que quedan lo abren a la ciudad.

Desayunar rodeado de árboles sobre un manto verde de césped recién cortado no tiene precio. Huele a verde, a hierba fresca.